jueves, 20 de octubre de 2011

Multiples Divagaciones Rayando en el Sinsentido





Una de las grandes ventajas que tiene no poseer un cargo público o ser famoso es el poder tener un sinnúmero de diferencias y contradicciones metidas en la mente, un gobernante no puede diferir de muchas cosas al mismo tiempo pues caería rápidamente en la critica despiadada. 

Es una de las muchas ventajas de ser un simple mortal, una carta que bien jugada puede darle al ser humano un poco de felicidad, pero lamentablemente siempre estamos codiciando lo que nuestros ojos ven, tratando de escudriñar lo desentrañable, sin atesorar lo que nuestro espíritu ya posee. 

En diferentes momentos el ser humano, como criatura pensante que es, se detendrá a reflexionar sobre su ser, la vida que ha llevado, el mundo en el que vive y si está lo suficientemente desocupado, también divagara sobre la esencia de las cosas y el fin último de todo. Se atormentara el ser humano común, acusándose con cargos de conciencia, ejercicio fútil, carente de todo sentido, pero que puede servir para entretener una velada insomne. 

Muchos cargos de conciencia son inevitables, malas acciones, premeditadas o no, a veces terminan por revelarnos los aspectos más oscuros de nuestra humanidad, pero el hombre que tenga un concepto filosófico aterrizado sobre lo que significa ser humano, rápidamente podrá encontrar explicación y expiación a su conducta, pero merece una reflexión (no muy aguda) la elaboración de ciertos cargos, por la complejidad con que puede afectar el pensamiento y el comportamiento de un ser humano, inclusive uno culto y con ese precioso don que es pensar, así sea de vez en cuando. 

El arrepentimiento es un sentimiento, una idea que revolotea en la cabeza, así una persona se diga a si misma mil veces que no se arrepiente de nada, mil veces se encontrara ante el tribunal de su propia consciencia, no conciencia, que es ya otra cosa, esta consciencia es el tribunal de la mente pensante y será más rígida según sean más fuertes nuestras convicciones y nuestra claridad de pensamiento. 

Nuestra consciencia elevara cargos que no necesariamente nos harán sentir culpables o nos harán que “se nos remuerda la conciencia” pero definitivamente pondrán a prueba nuestra capacidad como abogados de la causa propia. 

Uno de estos cargos curiosos es el de la crueldad con los animales, nos alimentamos de ellos desde tiempos inmemoriales, es un acto casi mágico mediante el cual tomamos la vida de otro ser y la convertimos en el soporte de nuestra propia vida, no existe nada de vergonzoso en ello, ya no matamos directamente, como sociedad hemos dispuesto un sistema para realizar esta actividad, otrora un rito casi sagrado. Es cierto, poco queda ya de la relación cazador-presa que hacia sagrado el vinculo entre la muerte del animal y la vida del cazador. 

No depredamos a todos los animales para alimentarnos de ellos, otros mueren solo por diversión, son cazados recreativamente o coleccionados, otros sufren para entretener a los hombres en casas, en circos o zoológicos, algunos desdichados la pasan aun peor en laboratorios donde son utilizados para desarrollar medicamentos, culpables de ser demasiado parecidos a los hombres. 

Es un sentimiento que muchos dicen natural, la piedad hacia las bestias, el amor por ellas, muchos animalistas dicen defender a los animales, algunos llegan al extremo de exigir se detenga el avance medico, condenando sin remordimientos la medicina moderna, por el hecho de utilizar animales en sus experimentos. Nos rasgamos las vestiduras al ver la crueldad con la que asesinan a las focas bebe, pero existe un poco de hipocresía, un poco de mente cerrada en esa actitud. 

Es una realidad, es inevitable que tengamos que quitar la vida a otros para poder mantener la propia, es un sacrificio que les toco en suerte a algunas especies, demos gracias que no fuimos nosotros y hagamos que nuestras vidas valgan algo, para que este ritual de quitar la vida a otro tenga significado, por ejemplo podríamos hacer que las condiciones en las que mueren los animales que nos alimentaran, sean higiénicas y en lo posible que no sufran al morir, sería un objetivo que nos beneficiaria a todos los integrantes de la sociedad. 

Podríamos eliminar de la sociedad las conductas que atenten contra la vida o el ser de los animales que no estén justificadas por una necesidad o un fin superior, por ejemplo: las corridas de toros, aunque es cierto que alrededor de la tauromaquia se mueve mucho dinero y dependen muchos de esta actividad, es tan reducido que el impacto seria mínimo en las economías del mundo y rápidamente los que queden desempleados serian reabsorbidos por el mercado laboral del campo. 

Peleas de gallos, perros, peces y otros, calificado por algunos como deporte, aunque haga falta estirar mucho el concepto de “deporte” para poder incluir en este a dos criaturas enfrentadas a muerte explotando su natural conducta de proteger su territorio o su propio ser, para el deleite de una muchedumbre enardecida, que aplaude y salta emocionada mientras apuesta por quien se desangrara primero. 

Evidentemente un espectáculo triste, pero que no denigra del ser humano, es un recordatorio de nuestros salvajes orígenes, una ventana a nuestros más profundos abismos, eso somos, una criatura capaz de ser vil y despiadada, nuestro intelecto logro que del asociacionismo surgiera una sociedad más o menos organizada, donde la fuerza física, lo salvaje fue casi erradicada, pero el instinto no pudo ser domado del todo, la necesidad de matar, la necesidad de ver morir de darle rienda suelta estará presente allí para siempre. 

Posiblemente sea una bendición que los instintos asesinos de los seres humanos no se puedan erradicar totalmente, hacen parte del espíritu rebelde que alguna vez nos permitió robarle el fuego a los dioses y desentrañar los secretos de la naturaleza, esa llama que alguna vez ardió intensa y que ahora habita como carbón encendido en medio de las cenizas, pero que de vez en cuando revive para abrasar los cimientos de los gobiernos tiránicos, tal vez no sea tan malo conservar arcaicos instintos después de todo. 

Por otro lado este sentimiento de amor por los animales me seria más creíble si no fuera porque tiene como figuras centrales a los animales más bonitos, los que despiertan mas ternura, que son generalmente los que comparten ciertos rasgos con nosotros, por ejemplo los que tienen un par de enormes ojos mamíferos como los de nuestras propias crías, por ellos se nos despierta el sentido de protección paternal, no veo nadie preocupándose por la crueldad con la que son asesinadas miles de cucarachas, todos los días, en todo el mundo, son animales, pero no nos gustan, no son bonitas como conejitos o cachorritos, si alguien matara a zapatazos un conejito, llovería sobre él la desaprobación, inclusive no faltaría el que exigiría para este conejicida una muerte lenta y dolorosa, la cucaracha, culpable solo de pertenecer a otra categoría, no encontrara una voz indignada que reclame por tan injusta y horrible ejecución. 

Nos aterra la muerte de los animales que sangran igual que nosotros, este vínculo de sangre derramada hace que nos identifiquemos, es una especie de llamado ancestral, cuando la sangre corre, la vida se escapa y se activa el instinto… la necesidad de proteger, cuando vemos la sangre correr o la lagrima caer, el espíritu se conmueve. 

Pero un insecto clavado por un entomólogo debería despertarnos igual compasión que un cachorro que es viviseccionado, si fuéramos de verdad contra la crueldad, si la quisiéramos erradicar del mundo nos preguntaríamos en que se diferencia el sufrimiento de un ave de corral sacrificada de el de la de la soya o el trigo segado, solo que si no pertenecen a nuestro reino, no merecerán el ejercicio mental de sentirnos culpables por tomar su vida para alimentar la nuestra. 

Múltiples divagaciones ¿Cuántas personas habrán dedicado un momento de sus vidas a reflexionar sobre estas cosas?

Para encontrarme en twitter ----> @SidraAmarga