martes, 18 de mayo de 2010

15 de agosto de 2007

Si no puedo ver, tendré que escuchar, y sentir y gritar. Ni hablar, ni leer o callar. Pero si grito, hablo y si hablo, no callo, y si leo, no veo. Entonces no leería, solo escucharía lo que veo y vería que me dice. Pero me habla y no escucho. Entonces ahora ni veo mi escucho. Ni vengo ni me voy, ni me devuelvo… y si me largo, me voy, pero como no quiero, no me muevo. No veo, y aunque pareciera que no escucho, escucho, pero no entiendo. Entonces sólo me quedo ahí, quieto, medio muerto, pero vivo.

Entonces escucho como una musiquita, como lejana, como de mujer, y canta ‘‘when the sun shines we’ll shine together’’, y de repente entiendo algo. Pero asumo que no es nada importante y decido que es mejor volver a la música, y sigo hibernando un poco más. Ahora pienso en ella y me dan más ganas de vomitar. Ahora hago una pausa en mis ganas insaciables de ella y le doy importancia a la otra, a la que ya murió. Ella era todo lo que quise, todo lo que alguna vez soñé. Lo que me hace pensar que los sueños serán siempre mejor como sueños.

Entonces pienso en la otra, que es un sueño, que vino y se fue de nuevo. Y si un sueño obsesiona, obsesiona aún más uno que quiere ser pero que no lo dejan. Entonces entiendo que para mí es juego y para ella es poder. Poder y orgullo. Y pienso que para mí es solo un juego y quiero ganar, porque siempre gano y odio su orgullo que engulle sus ganas y no la deja, o pienso en sus ojos que corrompen su alma entera, porque cada vez que se mira al espejo los ve tan negros que se los quiere quitar, y entonces le entra la cosa. El desespero. La cosita esa que engulle con rabia su bondad, la cosita esa de no quererse y creer que es tan mala que no puede amar. Entonces ama a uno y a otro y a otro más, pero a ninguno con el alma, a todos por amar. Por eso se baña durante más de una hora y ama que el agua le lave el cuerpo esperando que le lave el alma. Y muy dentro ella sabe que a su alma por más agua que le caiga no dejará de un lado su pecado, porque ella lo ama, tan solo no lo quiere amar.

Y ama a su pecado, pero odia lo que hace, porque su bondad ahogada sus sueños perfora, y prefiere no soñar, y prefiere no verme, porque yo le quité el poder con mi suerte. Cuando yo jugaba ella se enamoraba de verse, porque creo que no hay nada que enamora más que otra alma inerte.

Y sigo escuchando los ruidos, pero más la música en el fondo. Ahora pienso que quiero saber que está haciendo, y pienso que ella me piensa y me quiere y me sufre. Y no me importa si ama a alguien más, porque sé que me ama a mí. Ahora dejo de pensar en ella y pienso en la otra, y pienso que no vale la pena pensarla, y entonces pienso en alguien más. Y pienso que a ella le quiero quitar la ropa y después le quiero quitar el alma. Pero sé que si no se deja ahora, voy a tener una obsesión más en mi lista. Y pienso que quiero eso para mí, y eso otro, y eso otro, pero que tal vez no lo quiero de verdad porque igual que Camila, nadie sabe que es verdad ni en qué creer. Y pienso que me arezco a Camila y pienso que estoy igual de muerto a ella.

Ahora siento el pulso en mis labios y creo que el corazón se me trasladó para la boca. Y pienso en su sangre y su anhelo y su cabello en mis manos, y en la luna en la ventana, y el tambor en la mesa y la ropa en el suelo; pero su alma tan lejos. Tan puta que no quiere que los ojos tengan miedo, tan puta que huye a la vida del destierro. Y sigue caminando y acostándose con la tierra y esperando que el agua le borre la pena. Y me da escalofrío, y sueño y mareo, y quiero dormir pero el tiempo es incierto. Y amo a la luna porque no la tengo, la amo y la odio por verla de nuevo.

Y ahora me acuerdo de todo lo que me quiso y yo no la quise y ahora ando loco pensando en ella.

Él sigue hablando, pero sigo escuchando sólo ruidos lejanos. Y empiezo a creer que la rutina no es tan mala ni tan despiadada como lo creía, que es morfina para las almas, y divago sobre la esperanza y lo fútil de esperarla a que venga a mi lado. Y tal vez la quiero besar o sentirla conmigo, y a veces, cuando estoy feliz, la veo y abrazo y quisiera no soltarla, pero ella se va, siempre lo hará, y ni cuenta me doy porque estoy ocupado enamorándome de la luna.

Y aterrizo ahora si de verdad, porque se acabó la clase y voy por un cigarro a ver si me la saco de la puta cabeza.



AUTOR: DIANA ALEJANDRA TARAZONA CRISTANCHO